Simplemente un náufrago. Una isla perdida en el mar. Otro día solitario con nadie aquí más que yo. […] Enviaré un SOS al mundo. Enviaré un SOS al mundo. Espero que alguien reciba mi mensaje en una botella.
Cuaderno de bitácora. Día mil setecientos ochenta. Un lustro hace ya desde que todos los marineros, navegantes, aventureros, piratas, corsarios, geógrafos, astrónomos, busca tesoros, caza recompensas y demás hombres y mujeres del mar nos reuniéramos en la taberna de Los Dedócratas para conocernos y darnos a conocer al mundo. Cinco años han pasado ya desde aquella resaca dominguera en la que fuimos conscientes que aquello que vivimos el día anterior iba a ser inolvidable. Desde el principio quedó claro que éramos algo más que una simple tripulación en busca de un tesoro, que según decían los mapas se encontraba escondido en una misteriosa isla.
Y desde entonces hubo aventuras, tesoros, mapas, naufragios, peleas, nuevas tripulaciones, deserciones, éxitos, fracasos y muchos, muchos viajes.
¿Mereció la pena? Si le preguntasen al Capitán Bustelo diría que sí. Pero yo no lo tengo tan claro. Hoy no.
El barco se hundió definitivamente y es ahora un arrecife coralino sumergido en lo más profundo de la sima abisal, sin despertar si quiera el interés de la empresa Odyssey para el rescate de tan legendario pecio.
Quiero creer que hay muchos náufragos que como yo estamos en nuestra particular isla desierta mirando al horizonte infinito en busca de un imposible barco que nos rescate, nos una, y nos ponga a trabajar como grumetes, cocineros, contramaestres o timoneles.
Pero ese barco no vendrá.
Y lo peor es que si viene no se si querré enrolarme en él.
Por eso mando este mensaje dentro de una botella, (de Moscatel, por supuesto) con la esperanza de que sea leído por alguno de esos náufragos. Si así fuere, y las corrientes, el oleaje y las mareas hacen que este mensaje llegue a uno sólo de esos locos que como yo, sucumbieron en la odisea, me gustaría que lo leyera, lo entendiera, y si lo cree oportuno, que arrojase al mar otra botella con un mensaje en su interior.
Su contenido me da igual.
Lo que quiero es levantarme una mañana y ver que la orilla de la playa de esta isla desierta esté atestada de botellas con un mensaje en su interior. Y me alegraría sobremanera saber que no soy el único náufrago.
Cuaderno de bitácora. Día mil setecientos ochenta. Un lustro hace ya desde que todos los marineros, navegantes, aventureros, piratas, corsarios, geógrafos, astrónomos, busca tesoros, caza recompensas y demás hombres y mujeres del mar nos reuniéramos en la taberna de Los Dedócratas para conocernos y darnos a conocer al mundo. Cinco años han pasado ya desde aquella resaca dominguera en la que fuimos conscientes que aquello que vivimos el día anterior iba a ser inolvidable. Desde el principio quedó claro que éramos algo más que una simple tripulación en busca de un tesoro, que según decían los mapas se encontraba escondido en una misteriosa isla.
Y desde entonces hubo aventuras, tesoros, mapas, naufragios, peleas, nuevas tripulaciones, deserciones, éxitos, fracasos y muchos, muchos viajes.
¿Mereció la pena? Si le preguntasen al Capitán Bustelo diría que sí. Pero yo no lo tengo tan claro. Hoy no.
El barco se hundió definitivamente y es ahora un arrecife coralino sumergido en lo más profundo de la sima abisal, sin despertar si quiera el interés de la empresa Odyssey para el rescate de tan legendario pecio.
Quiero creer que hay muchos náufragos que como yo estamos en nuestra particular isla desierta mirando al horizonte infinito en busca de un imposible barco que nos rescate, nos una, y nos ponga a trabajar como grumetes, cocineros, contramaestres o timoneles.
Pero ese barco no vendrá.
Y lo peor es que si viene no se si querré enrolarme en él.
Por eso mando este mensaje dentro de una botella, (de Moscatel, por supuesto) con la esperanza de que sea leído por alguno de esos náufragos. Si así fuere, y las corrientes, el oleaje y las mareas hacen que este mensaje llegue a uno sólo de esos locos que como yo, sucumbieron en la odisea, me gustaría que lo leyera, lo entendiera, y si lo cree oportuno, que arrojase al mar otra botella con un mensaje en su interior.
Su contenido me da igual.
Lo que quiero es levantarme una mañana y ver que la orilla de la playa de esta isla desierta esté atestada de botellas con un mensaje en su interior. Y me alegraría sobremanera saber que no soy el único náufrago.
“Walked out this morning, don’t believe what I saw
Hundred billion bottles washed up on the shore
Seems I’m not alone at being alone
Hundred billion castaways, looking for a home”
Hundred billion bottles washed up on the shore
Seems I’m not alone at being alone
Hundred billion castaways, looking for a home”
Grumete Petilla de la Bajadilla,
ahora náufrago.
ahora náufrago.





